domingo, 25 de noviembre de 2012

Las cosas que no se dicen suelen ser las más importantes.

 A veces, me encanta imaginarme que estas ahí, al otro lado de la pantalla leyendo todo lo que te escribo, ¿No es una locura?
Me imagino que depronto leerás todo esto y dirás: ¡Joder, Cuanto me quiere! y entonces te replantearas todo, lo que yo hice mal, lo que tu hiciste mal y creerás en esa segunda oportunidad y vendrás a mi y me perdonarás.
Si hay algo que me obsesiona es eso, Que No puedo pedirte que me perdones, porque yo no me perdonaria.
Qué difícil, pero me parece que aún es más difícil quedármelo para mí sola. Supongo que por eso lo hago. Seguro que siempre te preguntaste en qué momento había empezado a quererte. Empecé a quererte exactamente cuando me di cuenta de que me habias borrado de tu vida. De hecho fue en ese preciso momento cuando olvidé el amor que sentía antes y de esa angustia por perderte, me olvidé de la ternura y de tu lengua, me di cuenta que te acababa de perder, me di cuenta de que lo que había sentido antes no era más que el simple reflejo de lo que era el amor. Descubrí que no te había querido nunca. De repente pensé en aquella torturaba que practicaban en Francia. ¿Sabes qué hacían?. Ataban las extremidades de una persona a cuatro caballos y los azuzaban en direcciones diferentes. Pues así es cómo me sentí. Así es cómo me siento. Ahora ya sé lo que es amar. Te amo con esa clase de amor que había rezado por sentir cuando era una niña y que ahora rezo por no volver a sentir nunca más.

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