A veces, me encanta imaginarme que estas ahí, al otro lado de la pantalla leyendo todo lo que te escribo, ¿No es una locura?
Me
imagino que depronto leerás todo esto y dirás: ¡Joder, Cuanto me
quiere! y entonces te replantearas todo, lo que yo hice mal, lo que tu
hiciste mal y creerás en esa segunda oportunidad y vendrás a mi y me perdonarás.
Si hay algo que me obsesiona es eso, Que No puedo pedirte que me perdones, porque yo no me perdonaria.
Qué difícil, pero me parece que aún es más difícil quedármelo
para mí sola. Supongo que por eso lo hago. Seguro que siempre te preguntaste en
qué momento había empezado a quererte. Empecé a quererte exactamente
cuando me di cuenta de que me habias borrado de tu vida. De hecho fue en ese
preciso momento cuando olvidé el amor que sentía antes y de esa angustia por perderte, me olvidé de la
ternura y de tu lengua, me di cuenta que te acababa de perder, me di cuenta de que lo que había
sentido antes no era más que el simple reflejo de lo que era el amor.
Descubrí que no te había querido nunca. De repente pensé en aquella
torturaba que practicaban en Francia. ¿Sabes qué hacían?. Ataban las
extremidades de una persona a cuatro caballos y los azuzaban en
direcciones diferentes. Pues así es cómo me sentí. Así es cómo me
siento. Ahora ya sé lo que es amar. Te amo con esa clase de amor que
había rezado por sentir cuando era una niña y que ahora rezo por
no volver a sentir nunca más.
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