martes, 27 de noviembre de 2012

El único barómetro que tengo es el corazón

Cuando pienso, en el punto en el que me encuentro ahora, una extraña sensación me embarga. Hay algo que es inevitable, por que es verdad y es que Burgos me ha cambiado. Soy politóloga, vamos.. aspiro a serlo, una politóloga (para los que no lo sepáis..) es una persona que estudia ciencías politicas, es decir, estudio como las personas nos ordenamos jerárquicamente y vamos ascendiendo al poder, ademas centrandonos en la historia, en las administraciones públicas, en la economía y en el derecho. Desde que estudio mi carrera y más sabia y culta me hago en mi labor como politóloga, mas asco me da el mundo.. Gente que se corrompe, países que no tienen iniciativa de cambiar sus malas praxis, países que atentan contra los derechos humanos, solo se compra y se vende por dinero, la ética y la moralidad están decayendo a un segundo plano, estamos acabando con el planeta. La mayoria de gete de mi carrera preveen como muy tarde para el 2017, la tercera guerra mundial. Ademas, cuando desconecto de mis estudios, para que os hagáis una idea vivo en una residencia con 125 personas, esto significa que hay 125 historias, esta claro, que no todos ellos comparten esa historia conmigo, bien, pero de los que lo han hecho el 90% siguen atrapados en una historia de amor anterior, no han cerrado el libro y el 10% restante tienen novio/a o estan apunto de dejarlo debido a la distancia, seguro que no entendeis por donde van los tiros, ¿no?
Cuando convives con tantas historias a la vez y ves su trama, su nudo, su desenlace, tu mente se abre, ves tantas historias distintas, ahora me he dado cuenta realmente aquí que cada historia es completamente distinta, tan distintas como las personas que la confierne. Si yo os contase.. El mundo es un caos de inseguridades, a la gente le da miedo pedir oportunidades o aceptarlas, le da miedo sentir amor, le da miedo no ser correspondido, quedarse solo, ser una más en la lista de otro.
Me sigue costando un  poco ir por la calle, mirar a mi alrededor y que todas las personas con las que vaya las conozca de apenas dos meses; incluídas las calles por las que camino. A veces me pregunto cuando el mundo dejo de ser un lugar divertido y bonito para dar tanto miedo.

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